EL MÉTODO - LA TÉCNICA

“¿Cómo se aprende a improvisar? ¿O, en todo caso, cómo se aprende cualquier arte? ¿O cualquier cosa? Es una contradicción. Vaya y dígale a alguien: ´¡Sé espontáneo!.´ O trate de que alguien se lo diga a usted. Nos sometemos a maestros del arte que pueden criticar o sugerir. Pero lo que realmente nos piden es que ‘seamos espontáneos‘, que ‘seamos creativos’. Y eso, por supuesto, es mas fácil decirlo que hacerlo. ¿Cómo se aprende a improvisar? La única respuesta es otra pregunta: ¿Qué nos lo impide? La obra de la creatividad no es cuestión de hacer venir al material sino de desbloquear los obstáculos para su flujo natural.”
Stephen Nachmanovitch.

Si bien técnicas teatrales clásicas (como la de Stanislavsky) son reconocidas y utilizadas a nivel mundial, propongo la búsqueda de la identidad del actor como primera instancia. Que en el juego uno pueda descubrir la alegría, la tristeza o cualquier estado personal, hasta los menos encasillables, sin recurrir a la exploración de zonas que expongan al alumno en un lugar de inseguridad y desconfianza.

Apunto al disfrute rompiendo el mito de la rivalidad entre ‘la comedia’ y ‘el drama’. Pienso que, en el juego, los géneros se mezclan y se cruzan una y otra vez; tanto en la actuación como en la vida cotidiana, se pasa de la risa al llanto en segundos. En la exploración, uno va formando sus propios parámetros y sus propios lenguajes.

No trabajo con escenas, ni conflictos, ni personajes como punto de partida. Cada ejercicio puede transformarse en una escena, cada actor está lleno de conflictos consigo mismo y cada actuación puede resultar siendo el personaje mas amado u odiado.

A la clase número seis de un grupo de adolescente que yo coordinaba llegó una alumna nueva. Durante toda la clase no pasó a hacer ningún ejercicio, solo observó. Al final de la clase confesó que estaba confundida, ya que ella creía que actuar se trataría que yo le diga un personaje y ella hacerlo como lo imagina. Ese comentario despertó la reflexión grupal y se llegó a la conclusión que no se trata de “hacer de” sino simplemente “hacer”. Que si yo le dijera a un alumno ‘hacé de viejito’, él lo que haría es graficar su idea de ‘un viejito’, poniendo su opinión y su juicio de lo que eso significa.

Lo que yo busco es, a partir del juego, despertar un estado. Luego ver quién es esa persona que juega, recién ahí aparece un personaje; que puede ser ‘viejito’, pero además le pasan muchas otras cosas. Quizás está mas preocupado por el corte de pelo que le hizo el peluquero que por el dolor de espalda. Quizás siente mas amor por una hamburguesa que por su mujer o sus nietos. No todo debe ser lineal, el malo no tiene que ser malo todo el tiempo. El bueno no tiene por qué soportar que lo traten mal. De esta manera la actuación se vuelve tan personal que su aparición es única e irreemplazable.

Pienso que no hay lenguajes inamovibles, creo que la actuación no puede quedarse en técnicas a transmitir de generación en generación, creo que cada grupo es un mundo, cada clase un año nuevo y cada alumno único y genial.

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