Lobo Estepario

¡Ay, es difícil encontrar esa huella de Dios en medio de esta vida que llevamos, en medio de esta época tan satisfecha, tan burguesa, tan superficial, acompañados por esta arquitectura, estos negocios, esta política, estas personas! ¡Cómo no voy a ser un Lobo Estepario, un ermitaño desgreñado, si estoy hundido en este mundo cuyas metas no comparto, cuyas alegrías no me atraen! No soporto mucho tiempo en un teatro o en un cine, apenas puedo leer un diario, pocas veces miro un libro moderno: no puedo entender cuál es la diversión y la felicidad que los hombres buscan en trenes y hoteles repletos, en cafés llenos de gente con música fuerte y sofocante, en los bares y varietés de las elegantes ciudades de lujo, en las exposiciones mundiales, en los corsos, en las conferencias para los sedientos de cultura, en los grandes campos de deporte. No puedo comprender ni compartir esas alegrías que estarían al alcance de mis manos y por las que hay miles que se esfuerzan y se amontonan. Y aquello que, por el contrario, sucedde durante mis escasas horas de felicidad, lo que para mí representa placer, aventura, éxtasis y enaltecimiento, es algo que el mundo a lo sumo conoce, busca y ama en la poesía, pero que en la vida la parece una locura.Y de hecho, si el mundo tiene razón, si la música en los cafés, si los entretenimientos de masas, si esas personas con tan pocas pretensiones tienen razón, entonces yo estoy equivocado, estoy loco. Entonces, en serio soy el Lobo Estepario: el animal perdido en un mundo ajeno e incomprensible que ya no es capáz de encontrar su hogar, su aire y su alimento.

HERMANN HESSE
"El Lobo Estepario"